Jorge Cienfuegos Silva
Químico Farmacéutico
Académico Escuela Química y Farmacia U. Andrés Bello
La depresión y el estrés son las enfermedades del siglo XXI. Es tan así que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dado algunos lineamientos que vale la pena revisar: La salud mental es algo más que la ausencia de trastornos mentales; la salud mental es parte integral de la salud; tanto es así que no hay salud sin salud mental: y la salud mental está determinada por múltiples factores socioeconómicos, biológicos y medioambientales.

Pero el abordaje sanitario ha sido básicamente farmacológico. Existen medicamentos para el ánimo, para la ansiedad, para el sueño...en resumen para la vida. Esto se ha reflejado en una medicalización de lo cotidiano y, por consecuencia, de la "normalización" de aspectos, que gracias a la reciente crisis hemos cuestionado el manto de normalidad. La autoridad sanitaria incluso esbozó preocupación porque ha aumentado a casi el doble la compra de medicamentos sedantes o antidepresivos.

Los medicamentos son venenos útiles nos dice el farmacólogo inglés James Black. Esto se traduce en que los fármacos nos pueden ayudar o dañar dependiendo de cómo los utilicemos. Es así como la noticia del aumento del consumo de antidepresivos y ansiolíticos, que puede explicarse por el estrés del último tiempo, que puede ser una "buena noticia" para el "mercado farmacéutico", nos puede estar dando -nuevamente- una señal de alerta de cómo abordamos nuestros problemas de salud mental.

La búsqueda de una respuesta instantánea es algo común en una sociedad basada en el éxito. La eficacia (lograr un objetivo) es tan importante como la eficiencia (el cómo, en cuánto tiempo o cuánta energía nos solicita para lograrlo). El camino hacia lograr nuestros objetivos no puede desestimar nuestra salud mental, o de quienes nos rodean.

El abordaje de prevención y promoción de la salud es algo secundario en los presupuestos de la nación, y acudir a profesionales de la salud mental pasa a ser un estigma asociado a la locura o desequilibrio. Así es, bienvenidos los locos que ven más allá de las vendas de lo normal. Esto va más allá del dime qué tomas y te diré qué tienes.

En estos tiempos de vorágine y pasiones, es imprescindible detenernos, aunque sea unos minutos, y hacer autocuidado. Pensar en nosotros, sin olvidar la existencia de otros, y respirar. Pausar. Y de ser necesario, pedir ayuda.

Es necesario revisar el sistema de salud, y "el sistema" en general, desde una perspectiva donde la salud (incluyendo la salud mental) sea prioritaria, comprendiendo así la frase de Schopenhauer: la salud no lo es todo, pero sin ella todo lo demás es nada.

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